Monólogo de la conciencia

23 05 2012

Bellaco.  Ese era el único sustantivo adjetívico adecuado para describir el estado de sensibilidad sensorial en el que habías entrado desde aquella ruptura que te mantuvo en una fiel monogamia castísima a lo largo de cuatro años.  Aunque, pensándolo bien, no fue una ruptura: ese nombre que se han emperrado en aplicar a la locución transitiva del verbo dejar cuando su complemento indirecto es a alguien nunca te ha parecido que hiciera justicia a lo que sentiste el día en que sucedió.  Vamos, ¡no te sonrojes!  Sabes que, de todas las sensaciones que se suscitaron en tu interior, la que brilló por su ausencia fue cualquiera que te hubiese hecho sentir roto, quebrado, destruido, aniquilado, bombardeado, despedazado.  Hubo llanto, eso lo sé, pero no niegues que –en el fondo—sentiste ese bombeo adrenalínico de sangre apresurada que se dirigía… ¿a dónde?  Sí, ahí mismo, a los cuerpos cavernosos y esponjosos de tu entrepierna.  Ahora contemplas ese cuatrienio de tu vida con detallada retrospección y te preguntas cómo pudiste, cómo fue posible aguantar.  Sabes que, a pesar de jactarte de la satisfacción sexual y de la química carnal que poseían en un principio, ya pasado un año se volvió aburrido.  El tipo nunca aceptó recibirte dentro de él, pues el machismo también se da entre los maricones.  Todos se llenan la boca con el culto al falo, pero cuando se trata de ponerse en cuatro y recibirlo por el orto se cambian los muñequitos.  Se vuelven activos de mierda y, en casos como el de tu cuatrienio, prefieren una sequía coital a ceder su ego viril ante el pene del otro.  No te rías, ¿es porque usé la palabra cuatrienio?  Sí, fue adrede.  Quiero que te des cuenta de las decisiones erradas que estás tomando consistentemente en periodos cuatrienales: primero el susodicho, del que te cansaste a los doce meses; después Fortuño, ¡de quien te cansaste a los tres!  ¿Ahora me entiendes?  Me has decepcionado un poco.  No obstante, volvamos al tema.

Bellaco.  Aquel día la sangre acudió a formarte la erección más descarada que habías sufrido en tu vida—sí, sufrido, las erecciones no sólo se disfrutan.  El tipo te dio su discurso y tú, aunque sentiste pena, no era tanta como la que habías acumulado hacia ti mismo por tanto tiempo de pasividad subordinada.  Ha llegado el momento, ¡es hora de copular!  De repente hay tantos que te parecen atractivos.  Antes no los había, ¿dónde se habían escondido?  Fuera en la universidad, en la discoteca, caminando por Plaza, en Zara o en Forever 21, se te presentaban imponentes, ostentaban sus atributos, te miraban, te guiñaban el ojo, ¡te hablaban!  Nunca habías entendido bien cómo funcionaba eso de los booty calls, pero empezaste, sin saber cómo, a tenerlos.  Un  texto a las dos de la mañana con un “Q haces?” ya tú sabes lo que significa.  Ay, no te hagas el más puro, si ya todos sabemos que ese paso de puro a puto lo dominaste en dos semanas.  El coqueteo, las mordidas seductoras a tus labios, las miradas en el gimnasio mientras haces las sentadillas—exagerando el movimiento para que esas nalgas se vean bien paraditas cuando pasa el nene lindo que estudia leyes en Ponce—coño, no jodas, ¡JLo te dicen!

Bellaco.  Aunque no te sienta mal esa comparación, ya sabes la fama que ella tiene de terminar sus largas y amorosas relaciones—nota bien que no dije “largas relaciones amorosas”—y  quedar enganchá con otro que la hace sentir todo aquello que el anterior no la hizo sentir.  Sí, ¿por qué me miras así?  Tuviste la oportunidad y fuiste rápido a engancharte del lado que no habías usado durante cuarenta y ocho meses—me gusta decírtelo en esas cifras, se escucha más impactante.  Ahora andas con un condón en la cartera, tú, que llevabas—préstame el celular un momentito para sacar cuenta—¡mil cuatrocientos sesenta días sin ponerte uno!  ¿Ya se te había olvidado cómo se hacía?  Ajá, lo paras, pones el gorrito en la punta y lo pelas pa’trás.  Sencillo.  ¡Oye!  Guarda eso que te estoy analizando.  ¿Estás enviando un mensaje de texto a esta hora?  ¡Pero si son las dos de la madrugada!

Bellaco.

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One response

9 11 2012
César Emil

Reblogged this on Conversación Breve and commented:
Bellaco o una crónicas de un versatil reprimido a bottom.

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